LA VIOLENCIA ESCOLAR ¿VIOLENCIA SOCIAL?

Por: Mabel Inés Falcón

Introducción

La violencia escolar se ha transformado en una constante de los medios de comunicación que dan cuenta de hechos reiterados que se producen en diferentes establecimientos educativos.

La violencia en la escuela, comenzó a preocupar, cuando en septiembre del 2004, se produce un hecho inédito en la educación Argentina: en Carmen de Patagones, un adolescente de 15 años llega a su escuela una mañana, portando el arma reglamentaria de su padre – suboficial de prefectura- y comienza a disparar contra sus compañeros, matando a tres de ellos e hiriendo a otros cinco.

Esta masacre, inédita en nuestro país, preocupó a todo el sistema educativo que se abocó a la tarea de encontrar un modo de comprender y prevenir futuras acciones de este tenor.

Lamentablemente, hay que reconocer que ha sido poco lo que se ha logrado. La violencia ha ido en aumento y las causas que se barajan sobre los orígenes del problema, se limitan a concluir que la violencia escolar es el reflejo de la violencia generalizada que atraviesa a la sociedad actual.

La violencia escolar sigue en aumento y surgen nuevas modalidades de la misma, más sofisticadas y más perversas.

ACOSO Y ENSAÑAMIENTO (bullying)

La violencia escolar asume la forma del bullying. Este término anglosajón, alude al acoso o ensañamiento de algunos alumnos contra otro u otros. Esta modalidad, es cada vez más común en las escuelas argentinas, originando severos daños y generando secuelas psíquicas y físicas en los sujetos acosados.

El bullying, se produce cuando un alumno, profesor o empleado de la escuela, es victimizado en forma repetida y durante un tiempo prolongado por otro u otros alumnos. El victimario es casi siempre un alumno que ejerce un fuerte liderazgo grupal. Ante situaciones de acoso con violencia física o verbal, el grupo se limita a observar pasivamente y a registrar los ataques, mediante la grabación del hecho con un teléfono celular o recurso similar. Los agresores no se detienen allí, orgullosos de su hazaña e impulsados por las características exhibicionistas propias de la adolescencia, los videos son colgarlos en

Internet o difundirlos a través de teléfonos celulares. Esta variante es conocida como ciberbullying. La cibernética y los medios de comunicación, también son utilizados para acosar a sus víctimas mediante mensajes de texto intimatorios, comentarios humillantes en e-mail, messenger, etc.

DISCRIMINACIÓN Y XENOFOBIA

Las instituciones que tienen a su cargo la lucha contra la discriminación, señalan que en la argentina el 15% de los chicos y adolescentes padecen, de manera continuada, abuso y discriminación. Según la estimaciones del INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación y la Xenofobia), e

n la ciudad de Buenos Aires más del 30% de las personas entrevistadas señala haber vivido situaciones de discriminación.

Lo novedoso de estos casos, es la saña, la sangre fría y la premeditación con que los victimarios realizan estas acciones. No se trata, como hasta hace unos años, de peleas callejeras, tumultos entre pandillas, situaciones dirimidas a puñetazos. Ahora son chicos armados que quieren venganza, chicos que eligen la escuela – no la calle- como el mejor lugar para dar rienda suelta a su odio.

Se trata de una violencia sin ideología: no son adolescentes que luchan contra dictaduras o piden mayor libertad. Son chicos que deciden agredir a sus pares, en las escuelas y, frecuentemente, a la misma escuela. Cuando la violencia se orienta hacia la escuela, no tiene por objetivo robar u obtener un beneficio material, su único propósito es hacer daño.

La explicación fácil, es achacar esas conductas a algún tipo de trastorno individual o familiar, son “chicos con problemas”, vienen de “familias deshechas”, etc. Es más sencillo no darse cuenta de que desde nuestra posición de adultos, también somos responsables.

EDUCAR PARA LA DIVERSIDAD

Las circunstancias y conflictos sociales que se han señalado, se produce en cualquier ámbito social, aún en aquellos que, como ocurre en nuestro país, no existen diferencias culturales o religiosas significativas. Por esta razón, se ha generado un movimiento educativo que establece como propósito o meta la “educación para a diversidad” El objetivo es loable, pero difícil de interpretar adecuadamente, cuando se analizan los objetivos que siempre ha sostenido la educación, en el sentido de reforzar las cargas identitarias de los sujetos, en tanto dichas identidades coincidan con la identidad, propósitos e ideología del poder.

El sistema educativo argentino, mantuvo y mantiene un discurso contradictorio respecto a las diferencias. En su origen sostuvo un fuerte discurso homogeneizarte: la educación impulsada por el normalismo, impuso no sólo el ideal de la alfabetización universal, también incluyó una serie de valores, creencias, ideales que sostenían los grupos de poder. Entre estos valores se destacaba el concepto de “nación” como objetivo necesario para el constituir la identidad de la república o sea la “argentinidad”.

Otro discurso, que marco fuertemente a la educación argentina fue el de la “igualdad” que rápidamente se transformo en el equivalente de homogeneidad e implicaba la inclusión de los educandos, en modelos identitarios uniformes. Tan uniformes como lo eran los guardapolvos blancos que, supuestamente, ocultaban las diferencias sociales. Este discurso sigue teniendo vigencia en el imaginario social y escolar, no obstante se contrapone con el discurso de la tolerancia, que sustenta que la escuela debe aceptar y respetar las diferencias, o el discurso “globalizante”, que promueve la anulación de las diferencias.

Este enfoque, se ofrece como solución a las contradicciones a que se ha hecho referencia, y está sostenido ideológicamente por las teorías de la diversidad cultural y el multiculturalismo. Esta tendencia enfatiza la aceptación de la diversidad como una formula mágica para acabar con las diferencias pero, cabe señalar, que esta postura, no incluye el profundización sobre el Otro o la alteridad.

El argumento de la diversidad, no garantiza una perspectiva de cambio ideológico, en tanto presupone un discurso que va desde la supuesta homogeneidad hacia una supuesta diversidad. Esta posición, sostiene que la diversidad puede abordarse a partir de una ficción que presupone que las diferencias del Otro pueden ser rápidamente aprehendidas, clasificadas y definidas. Por todo esto, se puede afirmar que esa actitud,

aparentemente sencilla y sobre todo políticamente correcta, no cambia en nada la desigualdad y el rotulamiento del Otro.

 

ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LA VIOLENCIA DESDE EL PSICOANÁLISIS

Como se ha señalado, en la realidad de nuestras escuelas, en el mejor de los casos, se aplica la tolerancia para poder condescender con las diferencias. La tolerancia consiste en aceptar al Otro, de lejos y con vacilación, hasta su definitivo etiquetamiento. En este contexto, Irremediablemente, se repite lo que Freud denominó “el narcisismo de las pequeñas diferencias” señalando que “comunidades vecinas y próximas en todos sus aspectos, se hostilizan y escarnecen”.i Explica esta hostilidad, en el hecho de que esa posición agresiva hacia el vecino, facilita la cohesión de los miembros de la comunidad. Y añade, textualmente: “Siempre es posible ligar en el amor a una multitud mayor de seres humanos, con tal que Otros queden fuera para manifestarles la agresión”.ii

Es curioso pensar como las acciones de violencia sin sentido que se repiten en las escuelas, responden absolutamente a esta observación de Freud. La necesidad de adoptar una actitud de rechazo y violencia contra otro, con mínimas diferencias, se transforma en el dispositivo que permite sostener un liderazgo y una cohesión grupal de otras identidades débiles, mediante la reproducción de conductas patológicas, que repiten las anomalías sociales.

 

Bibliografía

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95

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REICH, W.: (1933) La Psicología de de masas del fascismo. Ed. Roca, México, 1973.

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Notas

FREUD, S: “El malestar en la cultura” Pág. 111. Amorrortu Editores, Tomo XXI, Buenos Aires 1986 ii FREUD, S: “El malestar en la cultura” Pág. 111. Amorrortu Editores, Tomo XXI, Buenos Aires 1986

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