Chapultepec, sobre un segway

Un paseo sin animalitos de zoológico. A dos ruedas nos adentramos en el bosque para encontrar arte y un poco de paz.

Por esos senderos, en donde hoy se cuela el ruido que provocan los autos que van por Circuito Interior, Moctezuma solía pasar sus tardes. Caminaba bajo las ramas de los ahuehuetes, los llamados “viejos de agua”. Estos árboles han vivido más de 500 años y están inventariados. La suma de éstos no llega a 150. Algunos ya han muerto, como El Sargento que fue plantado por Nezahualcóyotl.

Historias de este tipo nos cuenta Casandra, nuestra guía en un recorrido a bordo de un segway, por los rincones menos explorados de Chapultepec. Tras 15 minutos de entrenamiento en este vehículo, iniciamos la excursión.

Esquivando a los niños que persiguen burbujas de jabón y las caras pintadas de leones o superhéroes, llegamos al Altar a la Patria, el mal llamado Monumento a los Niños Héroes. Quisiera que sus seis columnas de mármol, cupiera en mi cámara fotográfica.

Frente a esta escultura histórica se alcanza a observar el Castillo de Chapultepec. Antes de acercarnos nos vamos en busca de tranquilidad y la encontramos cerca de la fuente del Idilio, creada en bronce por Charlotte Yazbek, un mexicano de descendencia libanesa. También la llamó Adagio, en honor al músico barroco italiano Albinoni.

Serpenteando los caminos, pasamos por las faldas del cerro del Chapulín y al fin llegamos al castillo. Esta vez no haremos una visita al interior de este recinto, pero hay tiempo para encontrar la torre donde Juan Escutia, salvó a la Patria, eso nos dicen.

Avanzamos unos metros más y nos detenemos para enfundarnos en chamarra, bufanda y guantes. El frío nos hace recordar que estamos en un bosque vivo. En sus suelos fueron plantados fresnos blancos, sauces, acacias y truenos por jardineros franceses y belgas que Porfirio Díaz mandó traer.

Nuestro paisaje también se tupe de árboles de encino, capulín, tejocote, madroño, oyamel y ocote.

La siguiente parada es frente a la fuente de La Templanza. Según Víctor, el segundo guía, formaba parte de un conjunto escultórico que adornaría el edificio de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Representa las cuatro virtudes del hombre, las que se anteponen a los deseos carnales: fortaleza, templanza, valor y osadía. Unas escaleras a los lados de la fuente, nos llevan a lo que pareciera una resortera gigante de madera. Son los restos del ahuehuete El Sargento.

Detrás del árbol esta el hemiciclo dedicado al Escuadrón 201. Las placas nos dicen que en 1942 submarinos alemanes hundieron al Potrero del Llano y al Faja de Oro, acción ofensiva que provocó que el presidente Manuel Ávila Camacho declarara la guerra a Japón, Italia y Alemania.

Entramos a una de las zonas menos conocidas de Chapultepec, el Audiorama. Ahora, en vez del escándalo de los autos predomina una música clásica en el ambiente, buen momento para sentarnos en una banca o tirarnos en el pasto y dejar que esas notas nos relajen.

La última parada es la Plaza del Quijote para ver las esculturas de los personajes de Miguel de Cervantes Saavedra, las cabezas de Diego Rivera y Salvador Dalí y el piso de mosaico veneciano.

EL DATO
Reservaciones
150 pesos por una hora y 80 por 30 minutos. Disponible de martes a domingo. Reservaciones con un día de anticipación. Más en http://www.sobreruedas.mx

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